Siempre he pensado que Rosa Icela Rodríguez es de esos casos que reafirman el adagio de: “suerte te de dios, que el saber poco importa”, sin pedirlo, ha escalado los sitios más importantes de la baraja política desde que tuvimos el infortunio que llegara la peste bubónica de la 4ª deformación.

Potosina toda ella, con más apariencia de maestra rural de las antigüitas en edad temprana con medias de popotillo y falda al hueso chancaquero, la lleva su familia a Ciudad Valles y luego al sueño chilango a formarse académicamente en la escuela de periodismo “Carlos Septién” cuando la moda, -lo hemos referido hace unos días-, era estudiar periodismo, como en un tiempo fue arquitectura, diseño, luego odontología y así; por ese motivo damos cuenta que deambula un grupo generoso de taxistas de Uber con licenciatura en periodismo, o ladrones profesionales como ingenieros navales en el huachicol y fraudes maestros.

Dicen que Rosita Icela después de recibir su reconocimiento como periodista se fue a trabajar a televisa radio y posterior al respetado diario La Jornada, asunto que no es poco, tampoco mucho. Lo que si me tiene boquiabierto es que dice haber escrito cuatro libros, como si escribir con seriedad es de échame una y enchílame otra, o como acostumbra mentir un gobernador que presume haber editado cuatro testimoniales que yo exagero y me burlo de ser considerados Best Seller que se han agotado en las principales librerías reconocidas.

Otro dato que salta a lo excepcional es que habiendo sido una modesta estudiante de comunicación el cocodrilo creador, formador y esteta de la reportera potosina le haya encomendado tareas en el fangoso y especializado tema de la seguridad cuando a Alfonso Durazo se le dio por el sueño de ser gobernador de Sonora, que ha sido dolor de cabeza de múltiples países, entendiendo que es una cartera que NO es posible ni recomendable entregárselo a quien no cuente con larga experiencia proba y altas calificaciones excelsas.

Hoy como secretaria de gobernación es pan con lo mismo. Recordando a mi querido ahijado Paco Tijerina taurino todo él, decía que para ser torero, primero tenía que parecer torero y Rosa Icela parece todo menos, secretaria de seguridad, ni periodista mucho menos secretaria de gobernación.

Por eso estamos como estamos y por eso nunca progresamos. Una de las tareas esenciales cuando llegas a un escritorio de esa magnitud, además de tener idea de lo que se trata, es rodearte de gente con calicatencia, similicutancia y periposperria dispuesta a entregar gran parte de su tiempo y cerebro a hacerle más fácil el trabajo al benefactor, no importa que este haya sido patrocinador, el que recoja las ayudas o esté dispuesto a decirle cien veces al día lo que el jefe quiere escuchar, como AMLO en su momento o Claudia que en esa nefasta forma de pensar, está dispuesta a hundirse con su creador antes que decirle, hasta aquí, no más.

La señora secretaria de gobernación no es buena, no es mala, simplemente NO sabe y por eso la respuesta espontánea ayer cuando sus “excompañeros” periodistas le acorralaron con el asunto de Rubén Rocha Moya, que si le iba a sugerir que se presentara: “yo por qué”. Tiene razón, ¿por qué ella?, si no es más que la secretaria de gobernación.

Ricardo Cortés Camarillo
ricocama@yahoo.com.mx